Un pequeño robot de rodilla mejoró la fuerza y el movimiento en seis niños con atrofia muscular espinal.
La rehabilitación de la atrofia muscular espinal suma una vía con un robot de 0,96 kilos, probado en seis menores con AME de tipo 2. La enfermedad, vinculada a mutaciones en SMN1, destruye neuronas motoras y reduce la fuerza muscular. Las terapias genéticas han transformado su pronóstico, pero dejan abierto un problema: cómo recuperar músculos atrofiados.
El aparato se fija a la rodilla y no está diseñado para asistir la marcha, sino para imponer resistencia isocinética. Cuando el niño extiende la pierna, el sistema modula la oposición para mantener una velocidad constante: aumenta la resistencia si el movimiento se acelera y la rebaja si se ralentiza. Así, el esfuerzo se adapta al usuario y estimula el sistema neuromuscular. Un juego ayuda a sostener la motivación.
El ensayo reunió a seis niños de entre 6 y 10 años, incapaces de caminar y tratados con terapia genética. Tras no obtener progresos claros con fisioterapia convencional, completaron 30 sesiones repartidas en seis semanas, con al menos 60 extensiones de pierna por sesión.
Al finalizar, los indicadores apuntaban en la misma dirección: podían levantarse desde una flexión de rodilla menor, generaban más fuerza, ampliaban el rango de movimiento y presentaban un aumento del cuádriceps en las imágenes. También mejoró el nervio femoral. Aunque investigadores externos consideran el trabajo relevante, recuerdan que la muestra es reducida y que queda por demostrar si la ventaja se debe al robot o a una pauta intensiva ajustada.
Basado en: Liam Drew, Nature
