La misión MAIA analiza el aire de Addis Abeba para entender mejor las partículas que afectan a la salud.
La misión MAIA, financiada por la NASA, ha convertido Addis Abeba en un escenario clave para estudiar la contaminación atmosférica en ciudades de rápido crecimiento. Diez sensores instalados en la capital etíope registraron entre 2022 y 2025 las partículas finas y sus cambios por zona, hora y estación.
El análisis se concentra en las PM2.5, partículas de 2,5 micrómetros o menos vinculadas a graves efectos sanitarios. Dentro de ese conjunto, el carbono negro funciona como una pista sobre las combustiones. Aparece en emisiones de vehículos diésel, fuegos y carbón vegetal.
La red detectó picos ligados al tráfico de hora punta y a dos celebraciones con hogueras. Esa variación ayuda a distinguir cuándo domina una fuente de contaminación y cuándo pesa más otra.
La media trianual de PM2.5 alcanzó los 30 microgramos por metro cúbico, más de tres veces el estándar anual de salud que usa la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos. Las concentraciones medias de carbono negro fueron entre cuatro y nueve veces mayores que las medidas en Los Ángeles, Atlanta y Boston.
El estudio llega mientras Etiopía intenta reducir emisiones urbanas. En 2024 prohibió importar vehículos con motor de combustión interna, y varias ciudades están incorporando carriles bici e infraestructura de recarga eléctrica. Esa transición necesita datos continuos.
MAIA añadirá a los sensores de superficie una cámara espacial, desarrollada por el JPL y prevista para finales de 2027 como pronto en un satélite italiano. Al combinar mapas de aerosoles con datos de salud pública, la misión busca mejorar la gestión de la contaminación por partículas.
Basado en: Jet Propulsion Laboratory, NASA
