CienciaSeptember 1, 2026

El riesgo de un segundo negativo acelera el cambio horario

El segundo intercalar podría desaparecer antes de lo previsto

Fot. NASA Goddard Space Flight Center, Wikimedia Commons, CC BY 2.0

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Los responsables de medir el tiempo estudian sustituir los segundos intercalares por una futura hora intercalar.

El segundo intercalar, una corrección aplicada a los relojes mundiales desde 1972, podría desaparecer antes de lo previsto. Su eliminación ya estaba acordada para 2035, pero los organismos responsables del tiempo valoran adelantarla para evitar una situación inédita: restar un segundo.

El Tiempo Universal Coordinado se mantiene con relojes atómicos, extremadamente estables. Durante siglos, sin embargo, la referencia humana fue la rotación de la Tierra, que no es perfectamente regular. Para mantener cercanas ambas escalas, se han añadido 27 segundos intercalares desde los años setenta; el último llegó en 2016.

El problema es que incluso un segundo puede romper la continuidad que esperan muchos sistemas digitales. Infraestructuras eléctricas, telecomunicaciones, servicios financieros e Internet dependen de relojes sincronizados. A esa dificultad se suma que cada organización gestiona el ajuste a su manera.

La preocupación actual nace de la aceleración reciente de la rotación terrestre. A muy largo plazo, la atracción lunar tiende a frenar el giro del planeta, pero desde alrededor de 2015 se observa una velocidad algo mayor, relacionada con movimientos en el núcleo líquido.

Los especialistas estiman un 30% de probabilidad de necesitar un segundo negativo antes de 2035. Los relojes oficiales tendrían que saltarse un segundo, algo que nunca se ha probado en la práctica. Por eso resulta difícil anticipar sus efectos técnicos.

La propuesta que se votará del 13 al 15 de octubre de 2026 cerca de París sustituye el segundo intercalar por una hora intercalar. El ajuste solo llegaría cuando las escalas se separasen 3.600 segundos, probablemente dentro de cientos o miles de años.

Basado en: Elizabeth Gibney, Nature