Una ruta por diez refugios europeos donde el paisaje, la historia y la vida sencilla forman parte de la aventura.
Los refugios de montaña son lugares sencillos para dormir y descansar. Muchas veces solo se puede llegar a ellos a pie. En los Picos de Europa está la Cabaña Verónica, a 2.325 metros de altura. Tiene sitio para seis personas y se hizo con una antigua pieza de un barco de guerra. Desde el teleférico hay que caminar dos horas.
Muy al norte de Suecia se encuentra Låktatjåkko. En invierno, el hielo y la nieve pueden cubrir parte del edificio. Dentro hay fuego, comida caliente y gofres. En Noruega, el viaje a Gaustatoppen es distinto: un tren entra en la montaña y pasa por antiguos túneles militares. En los días claros, desde arriba se ve una gran parte del país.
Otros refugios están cerca de cumbres famosas. Chata pod Rysmi, en Eslovaquia, solo abre de junio a octubre por el peligro de aludes. Kredarica es la última parada antes del Triglav, la montaña más alta de Eslovenia. En invierno no hay calefacción en los dormitorios y la subida necesita experiencia y material especial.
En Córcega, las mulas llevan productos a Ciottulu di Mori. Breiðuvik está frente a la costa volcánica de Islandia. En Escocia hay antiguas casas de pastores y mineros donde los visitantes comparten el espacio y limpian al salir. La ruta termina en los Dolomitas italianos: Nuvolau ofrece bellas puestas de sol y Lagazuoi está cerca de túneles de la primera guerra mundial. Cada refugio permite vivir la montaña de una forma diferente.
Basado en: Kevin Rushby, The Guardian
