La doble actividad diplomática y empresarial de Jared Kushner abre un nuevo debate sobre las normas éticas de Estados Unidos.
El 6 de octubre, el principal demócrata del Comité de Supervisión de la Cámara de Representantes abrió una investigación sobre Jared Kushner. El yerno de Donald Trump trabaja como enviado de paz sin cobrar un sueldo y participa en negociaciones sobre Gaza y Ucrania. Al mismo tiempo, dirige Affinity Partners, un fondo de inversión financiado en gran parte por gobiernos del golfo Pérsico.
Arabia Saudí aportó 2.000 millones de dólares al fondo poco después de que Kushner dejara la Casa Blanca en 2021. Investigaciones anteriores indicaron que, en marzo de 2024, al menos el 99 % de los 3.000 millones gestionados por Affinity procedía del extranjero. Los principales países de origen eran Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos. La empresa recibe cada año importantes comisiones por administrar ese dinero.
Las dudas aumentaron al conocerse que Affinity es el mayor accionista del grupo israelí Phoenix Financial. Este grupo posee acciones en al menos nueve proveedores del Ejército israelí. A la vez, Kushner ayuda en las negociaciones entre Israel y Hamás. También ha intervenido en contactos para una posible venta de activos petroleros rusos a inversores relacionados con su entorno y el del enviado Steve Witkoff.
Kushner asegura que no dirigió las inversiones de Phoenix y niega que sus intereses privados influyan en su labor diplomática. Los demócratas no tienen poder para obligarle a entregar documentos, pero quieren que la Casa Blanca aclare sus obligaciones. Preguntan si debe presentar información financiera o apartarse de ciertos asuntos. Además, proponen más transparencia para los antiguos altos cargos que trabajan con gobiernos extranjeros.
Basado en: Sarah Leah Whitson, Foreign Policy
