El circuito Gilles Villeneuve obliga a pilotos y equipos a decidir rápido con poco margen de error.
El Gran Premio de Canadá llega al circuito Gilles Villeneuve con incógnitas técnicas y estratégicas. En 2026 los monoplazas son nuevos, la prueba se ha adelantado un mes y la gama de neumáticos cambia por la ausencia del compuesto C6 de Pirelli. También se espera meteorología variable, algo habitual en Montreal.
La pista exige un compromiso difícil. Es estrecha, bacheada y está rodeada de muros, pero contiene muchas curvas medias donde una plataforma aerodinámica estable da rendimiento. Los equipos deben decidir si configuran el coche más rígido o si aceptan más movimiento para atacar los pianos. Con solo un entrenamiento Sprint, hay poco margen para probar.
La refrigeración de frenos es otro equilibrio delicado. Canadá castiga este sistema por sus frenadas fuertes. Abrir demasiado las tomas reduce la eficiencia del coche; cerrarlas en exceso puede comprometer la frenada.
Liam Lawson apunta que la gestión de energía debería pesar menos que en otros circuitos, porque tantas frenadas ayudan a recuperarla. Sin embargo, el trabajo previo en simulador gana importancia cuando no hay tiempo suficiente en pista.
La curva 10, L'Epingle, resume el reto: una horquilla lenta que decide la salida hacia la recta más larga. Los estrategas afrontan decisiones tempranas sobre neumáticos, como subraya Hannah Schmitz. Canadá recuerda que las apuestas pueden salir bien o mal: Button ganó una carrera caótica en 2011, y en 2012 Hamilton acertó con dos paradas y Grosjean y Pérez brillaron.
Basado en: Formula 1
