Catorce rutas ferroviarias muestran otra forma de conocer el mundo.
En una época de urgencia, el tren vuelve a ofrecer una idea distinta del viaje: no solo trasladarse, sino habitar el trayecto. La inquietud climática, el regreso de trenes nocturnos y el cansancio ante los viajes acelerados refuerzan rutas donde el paisaje importa tanto como el destino.
Algunas propuestas se apoyan en la elegancia ferroviaria. El Royal Scotsman recorre las Highlands y la costa escocesa. La Dolce Vita Orient Express lleva a 62 pasajeros por Italia en itinerarios de una o dos noches, mientras que el Venice Simplon-Orient-Express conserva la teatralidad del gran tren europeo. El Arlecchino, diseñado por Gio Ponti en 1960, representa el valor del diseño recuperado.
Otras rutas explican territorios inmensos. El Rocky Mountaineer enlaza Vancouver y Banff entre ríos y cumbres. El California Zephyr cruza Estados Unidos de Chicago a Emeryville, atravesando siete estados en unas 52 horas. El Alaska Railroad, activo desde 1923, conecta comunidades y muestra glaciares. En abril de 2026, Canyon Spirit añadió una ruta entre Salt Lake City y Denver.
El mapa se completa con trayectos de fuerte identidad local. El Doğu Express une Ankara con Kars y se ha convertido en un rito invernal en Turquía. El Seven Stars Kyushu exhibe artesanía japonesa con reservas disputadas. El Eastern & Oriental Express ha vuelto a Malasia. El Hiram Bingham acerca a Machu Picchu, el tren de Darjeeling asciende hacia una ciudad del té, y Rovos Rail combina distancia y lujo en el sur de África.
Basado en: Monisha Rajesh, Hannah Towey, Arati Menon, Condé Nast Traveler
