Algunos viajeros sufren una fuerte decepción cuando el París cotidiano no se parece a la ciudad perfecta que imaginaban.
Películas, anuncios y redes sociales suelen presentar París como una ciudad perfecta, llena de belleza y romanticismo. Antes del viaje, muchas personas imaginan la Torre Eiffel en el horizonte, las obras del Louvre o las calles de Montmartre. Esa imagen tan cuidada puede crear unas expectativas difíciles de cumplir.
Al llegar, los visitantes descubren una gran ciudad donde viven más de dos millones de personas. Junto a sus monumentos y barrios con encanto, también encuentran tráfico, ruido, lluvia y lugares llenos de gente. Un especialista en cultura e idiomas recordó su primera visita a los Campos Elíseos y al Arco del Triunfo. La multitud le pareció propia de un parque de atracciones y sintió que faltaba el encanto esperado.
Esa fuerte decepción se conoce como síndrome de París. El psiquiatra japonés Hiroaki Ota creó el término en Francia durante los años ochenta. Al principio, se estudió especialmente a turistas japoneses con síntomas como ansiedad, mareos o incluso alucinaciones. En la actualidad, la expresión tiene un sentido más general y describe también el desencanto de viajeros de otros países.
Para reducir ese choque, conviene recordar que París no es una imagen perfecta de las redes sociales. La ciudad puede ser hermosa y caótica a la vez. Comprender sus defectos no le quita valor; permite recorrerla con una mirada más abierta y disfrutar de lo que ofrece de verdad.
Basado en: Chrissie McClatchie, Travel + Leisure
