CulturaJune 13, 2026

Cuando Roald Dahl imaginó la escritura automática

Roald Dahl imaginó una máquina que escribía relatos

Fot. Marcin Wichary, Wikimedia Commons, CC BY 2.0

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Un cuento de 1954 vuelve a leerse hoy por su parecido con la inteligencia artificial generativa.

Mucho antes de que se hablara de modelos de lenguaje, Roald Dahl imaginó una máquina capaz de producir relatos. Lo hizo en “The Great Automatic Grammatizator”, un cuento publicado en 1954 que ha ganado una nueva resonancia en la época de ChatGPT.

Dahl es recordado sobre todo por sus libros infantiles, pero también escribió historias más oscuras para lectores mayores. En este caso, el centro del relato es Adolph Knipe, un empleado que se siente encerrado en su empresa y derrotado como aspirante a escritor.

Knipe ya ha creado una calculadora eléctrica que impresiona a su jefe, el señor Bohlen. Después traslada esa lógica al lenguaje. Si una máquina puede manejar números mediante reglas, quizá otra pueda combinar palabras, aplicar gramática y construir argumentos.

La motivación del protagonista no es solo técnica. Las revistas han rechazado sus cuentos, y él interpreta la máquina como una forma de entrar por la fuerza en ese mercado. Con el apoyo de la empresa, cree posible fabricar relatos en serie, venderlos con facilidad y ganar prestigio como autor.

El aparato pertenece a una imaginación tecnológica muy distinta de la actual. Es enorme, ruidoso y analógico, con botones, diales, pedales y controles para ajustar el tema, el estilo, la tensión, el humor o la pasión. Aun así, la idea de fondo resulta reconocible: convertir la escritura en un proceso que responde a instrucciones.

El cuento no anticipa de manera exacta la inteligencia artificial generativa. Su fuerza está en haber visto pronto una inquietud que sigue viva. Si los textos pueden producirse en grandes cantidades y a bajo coste, la pregunta ya no es solo qué hace la máquina, sino qué valor damos a una voz humana.

Basado en: Colin Marshall, Open Culture