La pionera trans que ganó el derecho a jugar el US Open femenino defiende hoy límites para otras deportistas trans.
En 1977, Renée Richards quería jugar el US Open en la categoría femenina. Era oftalmóloga, es decir, médica de los ojos, y también una buena tenista. Antes de su transición había participado en torneos masculinos. En 1975 se sometió a una operación y comenzó una nueva vida como mujer en California. El tenis continuó siendo una parte importante de su vida.
La asociación de tenis de Estados Unidos le pidió una prueba de cromosomas. Sin ella, no quería dejarla competir con las mujeres. Richards llevó el caso ante un juez y ganó. Así pudo jugar el US Open femenino de 1977. Perdió su primer partido individual contra Virginia Wade, pero llegó a la final de dobles con Betty Ann Stuart.
Algunas jugadoras no la recibieron bien. Sin embargo, Billie Jean King habló con Richards y acabó apoyándola. Más tarde, Richards llegó al número 20 del mundo y entrenó a Martina Navratilova. También volvió a trabajar como oftalmóloga. Ahora tiene 92 años, y la periodista Julie Kliegman ha hablado con ella para escribir una nueva biografía.
Hoy, Richards cree que las mujeres trans no deben competir en la categoría femenina si han pasado por la pubertad masculina. Su opinión es muy diferente de la lucha que ella ganó en 1977. Kliegman, que es trans y no binaria, no está de acuerdo: piensa que los estudios no ofrecen una respuesta clara. La vida de Richards reúne así una victoria histórica y un debate que todavía continúa.
Basado en: Rich Tenorio, The Guardian
