En Guatemala, una caminata por el volcán Pacaya termina con pizza hecha sobre lava caliente.
En el volcán Pacaya, en Guatemala, la gastronomía se cruza con un paisaje que todavía desprende calor. Después de caminar por pendientes rocosas y campos de lava solidificada, los visitantes encuentran una cocina mínima: bandejas de masa, hornos metálicos y rocas volcánicas que sirven como fuente de energía. La escena resume una experiencia turística insólita, pero profundamente ligada al terreno.
Mario David García Mansilla, conocido como Pizza Pacaya, ha convertido ese calor natural en un reclamo. Sus pizzas se cocinan sobre lava petrificada: el queso se funde, la base se dora y los excursionistas comen a más de mil metros de altitud. Lo que empezó como una rareza asociada al lugar se ha convertido en una parada buscada por viajeros.
Aun así, Pacaya no se reduce a la pizza. La ruta permite atravesar un terreno cambiante, ver cómo la vegetación se abre paso entre rocas negras y, si el cielo acompaña, contemplar perfiles como los de Fuego y Acatenango. Las excursiones suelen durar entre tres y tres horas y media, y muchas se organizan al amanecer o al atardecer. Es una forma accesible de acercarse al mundo volcánico guatemalteco.
Esa accesibilidad convive con una vigilancia estricta. Guatemala tiene más de treinta volcanes, y varias comunidades viven en zonas marcadas por erupciones, cenizas y actividad sísmica. En Pacaya, las autoridades controlan el sendero y pueden cerrarlo si detectan comportamientos anómalos. Los guías locales son obligatorios, y las normas impiden salirse del camino o acercarse a lava reciente sin permiso. La experiencia habla tanto de turismo como de adaptación a un entorno poderoso.
Basado en: Stephanie Capper, AFAR
