De las Rocosas al Pacífico, estas rutas permiten conocer la diversidad de Estados Unidos desde la ventanilla.
Estados Unidos es un país enorme. Tiene ciudades, llanuras, bosques, desiertos y montañas. El tren permite ver todos estos paisajes sin conducir. No suele ser el transporte más rápido y, a veces, cuesta más que el avión. Sin embargo, el camino también forma parte de las vacaciones. Hay rutas de unas horas y otras de más de dos días.
El California Zephyr hace uno de los viajes más largos. Une Chicago con Emeryville, cerca de San Francisco, en unas 52 horas. Primero cruza las llanuras del centro del país. Después pasa por las Montañas Rocosas y junto al río Colorado. También atraviesa los desiertos de Utah y Nevada antes de llegar a Sierra Nevada. Sus grandes ventanas ayudan a disfrutar del paisaje.
En la costa oeste hay otras opciones. El Coast Starlight viaja de Seattle a Los Ángeles. Durante el recorrido se ven el océano Pacífico, bosques de secuoyas y montañas con nieve. El Pacific Surfliner es más corto y recorre el sur de California hasta San Diego. Por su parte, el Empire Builder conecta Chicago con Seattle o Portland y pasa cerca del Parque Nacional de los Glaciares.
También existen trenes históricos. En Colorado, un tren de vapor une Durango y Silverton entre montañas y junto al río Animas. En Arizona, el Grand Canyon Railway lleva a las familias cerca del borde del Gran Cañón. En estos viajes, llegar al destino no es lo único importante: también hay tiempo para mirar con calma por la ventana.
Basado en: Lauren Keith, Lonely Planet
