La historia del museo afroamericano de Washington también pertenece a Max Bond, que defendió una arquitectura colectiva y al servicio de la gente.
Desde 2016, el Museo Nacional de Historia y Cultura Afroamericana ocupa un lugar destacado en el National Mall de Washington. Tras su fachada de tonos bronce, presenta un recorrido por la resistencia y la cultura de la población negra estadounidense. El edificio dio una sede permanente a esa memoria en la capital.
La propuesta surgió de una alianza en la que participaron Philip Freelon, David Adjaye, J. Max Bond Jr. y SmithGroup. No obstante, el prestigio internacional de Adjaye llevó a muchas personas a atribuirle casi todo el diseño. Ese relato dejó en la sombra el carácter colectivo del proyecto y, en especial, la contribución de Bond.
Bond no se limitó a formar parte del equipo: había impulsado la idea del museo antes del concurso. Fue un arquitecto negro de gran éxito en un ámbito profesional a menudo hostil, aunque nunca buscó convertirse en una celebridad. Murió de cáncer en 2009, poco antes de la victoria de sus compañeros, y no pudo contemplar el resultado final.
Su manera de entender la arquitectura cuestionaba la figura del genio solitario. Para él, un edificio surgía de un proceso lento de diálogo y cooperación entre muchas personas. La calidad formal no era suficiente: el espacio también debía cumplir bien su función y beneficiar a quienes lo utilizaban.
Esta filosofía estaba vinculada a las luchas por la igualdad racial. Bond defendía edificios y ciudades democráticos, creados de forma colectiva y atentos a quienes habían sufrido exclusión. Recuperar su legado cambia la lectura del museo, pues su propia creación refleja una larga labor compartida.
Basado en: Brian Goldstein, Hyperallergic
