Una encuesta muestra que muchos británicos ven el Brexit como un error y quieren una relación más cercana con la Unión Europea.
Una década después del referéndum del 23 de junio de 2016, el Brexit ya no aparece para muchos británicos como una promesa de control, sino como una experiencia con costes visibles. La salida ganó con el 51,89% de los votos y convirtió a Reino Unido en el primer Estado que decidió abandonar la Unión Europea.
Una encuesta del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores recoge una valoración mayoritariamente negativa. Los encuestados creen que el Brexit ha perjudicado al país en asuntos centrales de la campaña original: coste de la vida, economía e inmigración ilegal. Los porcentajes son altos: 66%, 65% y 56%, respectivamente. Incluso parte del electorado favorable a la salida admite que la situación no ha mejorado.
De esa decepción nace una demanda amplia de acercamiento. El 57% cree que abandonar la UE fue un error, tres de cada cuatro encuestados quieren vínculos más estrechos y el 52% aceptaría el reingreso. La inclinación es fuerte entre laboristas, liberaldemócratas y verdes, aunque también alcanza al electorado conservador.
El deseo de cooperación se concentra en materias prácticas: defensa, energía, tecnología, servicios digitales e inmigración. Resulta significativo que dos tercios acepten restaurar la libre circulación con la UE, una idea que durante años fue delicada. La movilidad ya no ocupa el mismo lugar simbólico en el debate.
Londres, sin embargo, mantiene líneas rojas: no regresar al mercado único, no aceptar la primacía del derecho europeo y no someterse al Tribunal de Justicia de la UE. Ese marco complica el reajuste con Bruselas. Pero la presión social apunta a una discusión menos anclada en 2016 y más conectada con la economía y la seguridad.
Basado en: Philippe Jacqué, Le Monde
