Un estudio muestra que las gotas de agua pueden cargarse al moverse y dañar metales protegidos.
La electricidad atmosférica no termina en los relámpagos. Una investigación publicada en Nature indica que las gotas de agua pueden cargarse mientras se desplazan por superficies lisas. Esa carga, aunque sea pequeña, bastaría para contribuir a la corrosión de metales protegidos por recubrimientos.
El equipo dirigido por Hans-Jürgen Butt, del Instituto Max Planck de Investigación de Polímeros en Mainz, estudió gotas que se deslizaban por ventanas, hojas de plantas y otros materiales. Después las hizo caer sobre placas de cobre cubiertas con una película fina de teflón.
El resultado dependía del camino recorrido. Las gotas que habían pasado por una superficie perforaron el recubrimiento y dejaron marcas diminutas en el cobre. Las que caían directamente sobre la placa no producían ese efecto. El movimiento previo era, por tanto, la clave del daño.
El estudio sugiere una interacción química y eléctrica durante el deslizamiento. Ya se sabía que dos sólidos podían cargarse al frotarse, pero no estaba claro que un líquido actuara de forma parecida. Aquí, el agua parece adquirir carga positiva, mientras que el metal desarrolla carga negativa.
Cuando la gota cargada se aproxima al metal, el campo eléctrico entre ambos aumenta. Si alcanza suficiente intensidad, puede degradar la superficie y abrir el camino a la corrosión. La misma idea ayuda a entender por qué el agua avanza despacio sobre superficies muy lisas.
La lluvia cargada no sirve hoy para generar electricidad a gran escala ni representa un riesgo para las personas. Su importancia está en otro punto: puede explicar fallos en recubrimientos industriales cuando son demasiado finos, están dañados o se aplican mal.
Basado en: Megha Satyanarayana, Scientific American
