La campeona olímpica pasó seis días sin prisas en Kauai junto a su marido y sus tres hijos adolescentes.
Kerri Walsh Jennings conoce muy bien la arena. Ganó tres oros olímpicos en vóley playa y pasó gran parte de su carrera entrenando y compitiendo junto al mar. Sin embargo, durante unas vacaciones de seis días en Kauai descubrió otra forma de disfrutar de la playa. Viajó con su marido, Casey, y sus tres hijos adolescentes, de 17, 16 y 13 años.
La pareja había pasado su luna de miel en esta isla hawaiana en 2005 y había vuelto en otras ocasiones. Esta vez, el viaje tenía un significado especial. Sus hijos son cada vez más independientes y pronto será más difícil reunir a toda la familia. En la vida diaria, el colegio, los deportes y los amigos los llevan en direcciones distintas. Kauai les permitió frenar y volver a encontrarse.
Los días combinaron actividad y descanso. La familia hizo surf, nadó, practicó esnórquel y caminó por el interior de la isla. Los jóvenes disfrutaron buscando playas escondidas y probando hielo raspado. También hubo mañanas lentas, paseos al atardecer y cenas sin prisa. Como no llenaron cada hora con planes, aparecieron conversaciones naturales sobre sus sueños, sus miedos, sus relaciones y el futuro.
Walsh Jennings no guarda el recuerdo de una sola gran aventura, sino de muchos instantes pequeños: las risas tras un día de playa, el apoyo entre los hermanos en el agua y el café tranquilo mientras la casa despertaba. El viaje le permitió observar a sus hijos sin las obligaciones habituales. Por eso recomienda reservar el viaje, pero no organizarlo todo. Conviene apartar el móvil y dejar espacio para descansar, explorar y hablar. El tiempo compartido pasa muy rápido.
Basado en: Jordi Lippe-McGraw, Condé Nast Traveler
