Los Everglades son un gran humedal de Florida, pero también un hogar con memoria, cultura y formas propias de viajar.
Los Everglades ocupan una gran parte del sur de Florida y forman humedales que avanzan lentamente hacia el golfo de México. Allí se encuentran el parque nacional, Big Cypress y reservas miccosukee y seminolas. Muchos viajeros llegan por la biodiversidad: manglares, aves, manatíes, caimanes y cocodrilos.
Reducirlos a un paisaje vacío, sin embargo, deja fuera una parte esencial del lugar. Durante generaciones, los miccosukee y los seminolas han mantenido vínculos culturales y familiares con estas aguas. También los gladesmen, descendientes de antiguos pobladores del pantano, desarrollaron una vida basada en la pesca, la caza, las barcas y la lectura del agua.
Esa relación se ha vuelto más frágil. Los proyectos de drenaje, la tala y la gestión del agua modificaron el ecosistema. Los Everglades han perdido muchas islas de árboles, elevaciones naturales que daban suelo seco a aves, plantas nativas y prácticas indígenas. En un humedal, esas islas sostienen refugio, memoria y vida diaria.
Algunas voces locales trabajan ahora para conservar naturaleza y cultura. Betty Osceola, guía miccosukee, promueve restaurar hábitats con especies nativas. Jack Shealy, vinculado a los gladesmen, impulsa talleres y rutas para documentar una forma de vida que todavía existe, aunque las normas y los costes la compliquen.
El viajero puede acercarse a esta realidad con kayak, barcos, hidrodeslizadores o guías locales. La estación seca, de noviembre a abril, ofrece temperaturas suaves, menos mosquitos y mejor observación de fauna. Conviene alquilar coche, porque las entradas no están conectadas. Museos y centros de visitantes recuerdan que los Everglades son también un territorio habitado.
Basado en: Carrie Honaker, AFAR
