PolíticaAugust 13, 2026

Rosebank y Jackdaw ponen a prueba la política energética británica

La decisión del Reino Unido sobre el petróleo y el gas del mar del Norte

Fot. Supercarwaar, Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0

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El nuevo gobierno británico debe decidir si permite más extracción de petróleo y gas en dos zonas discutidas.

El nuevo gobierno británico afronta una de sus primeras decisiones climáticas importantes: autorizar o no la extracción en Rosebank y Jackdaw, dos proyectos de petróleo y gas en el mar del Norte. El debate coincide con otro verano de calor extremo y con una pregunta incómoda: cuánto espacio deben ocupar todavía los combustibles fósiles.

Rosebank es un gran yacimiento de petróleo situado al oeste de las Shetland, con algo de gas asociado. Jackdaw, al este de Aberdeen, es principalmente un campo de gas y podría conectarse a infraestructuras existentes. Esa diferencia abre una vía intermedia: permitir Jackdaw y frenar Rosebank.

Las compañías sostienen que los proyectos reforzarían la seguridad energética, aportarían impuestos y crearían empleo. Sus críticos ven esos beneficios con más cautela. El efecto sobre las facturas sería reducido, porque el petróleo y el gas se venden a precios internacionales. Además, los nuevos puestos no compensarían por sí solos el declive del sector.

La dimensión climática pesa en toda la decisión. Quemar el petróleo y el gas de Rosebank produciría muchas emisiones durante la vida del proyecto. Para los grupos ecologistas, aprobar nuevos desarrollos enviaría una señal contraria a los compromisos de descarbonización. En un contexto de sequía y calor, esa señal resulta especialmente visible.

Rosebank y Jackdaw ya recibieron permisos bajo los conservadores, pero un tribunal los anuló tras un recurso ecologista. El Ejecutivo laborista prometió no conceder nuevas licencias de exploración en el mar del Norte, aunque no retirar las existentes. La decisión aclarará cómo interpreta esa promesa cuando chocan clima, industria y seguridad energética.

Basado en: Michael Segalov, The Guardian