La IA ayuda a crear gráficos científicos, pero exige normas claras, revisión y transparencia.
Las herramientas de inteligencia artificial ya se usan para crear ideas visuales, esquemas y gráficos científicos. Pueden hacer más clara una explicación y ayudar a equipos que no tienen presupuesto para contratar a un diseñador. En ese sentido, son una ayuda práctica para comunicar mejor una investigación.
El problema aparece cuando una imagen parece profesional, pero contiene errores. A comienzos de 2024, un trabajo científico incluyó una ilustración hecha con Midjourney. La imagen mostraba una rata con una anatomía imposible y palabras sin sentido. Aunque el fallo era visible, pasó la revisión.
Hubo otro caso con una imagen médica. Una revista retiró un estudio después de ver que una cinta de medir tenía números incorrectos. Ese pequeño detalle indicaba que la imagen había sido modificada con IA. No era solo un problema de diseño: afectaba a la confianza en lo que se estaba mostrando.
Por eso, el primer paso es mirar las reglas de la revista antes de enviar un trabajo. No todas las editoriales tienen la misma política. Algunas permiten ciertos usos si los autores explican la herramienta, el objetivo y la revisión realizada. Otras prohíben resúmenes gráficos creados con IA o limitan mucho su uso.
La idea más importante es no alterar los datos originales. Una fotografía médica, una prueba de laboratorio o cualquier imagen usada como evidencia no debe inventarse ni corregirse con una herramienta generativa. Si la IA ayuda en el diseño, los autores deben revisar el resultado, guardar un registro y declarar su uso. La responsabilidad final sigue siendo de las personas que firman el estudio.
Basado en: Sarah Wild, Nature
