Unas alas fósiles han permitido reconstruir parte del paisaje sonoro de un bosque de hace 165 millones de años.
Hace unos 165 millones de años, la zona china de Daohugou era un bosque cálido y húmedo, lleno de helechos enormes y coníferas. Entre sus animales había parientes de los grillos y los saltamontes. Sus alas fósiles han permitido reconstruir una parte de aquel paisaje sonoro del Jurásico.
Los investigadores analizaron 20 alas de nueve especies extinguidas. Los machos llamaban a posibles parejas frotando las alas. Una tenía dientes diminutos y la otra funcionaba como un raspador. Al cerrarse, producían vibraciones que el resto del ala hacía más fuertes. El mecanismo se parecía al de un pequeño instrumento musical.
Para calcular el tono, el equipo estudió el tamaño de las alas, la separación entre los dientes y la superficie que vibraba. Primero comprobó el método con fotografías de insectos actuales. Sin embargo, un fósil no conserva el ritmo. Para reconstruirlo, se utilizó un modelo informático con datos de especies vivas, la forma de sus cuerpos y la temperatura del antiguo bosque. El resultado fue un coro en el que cada especie tenía su propia llamada.
Aquellos sonidos eran claros y musicales, no simples zumbidos. Una especie emitía ultrasonidos, fuera del alcance del oído humano, casi cien millones de años antes de que apareciera esa capacidad auditiva en los murciélagos. Algunos mamíferos primitivos quizá podían oír parte del coro. Es posible que insectos y mamíferos influyeran en la evolución del canto y del oído, aunque esta hipótesis aún debe comprobarse.
Basado en: Carolyn Wilke, Science News
