Un estudio explica cómo esta planta carnívora puede cerrar su trampa en menos de un segundo.
La Venus atrapamoscas, llamada Dionaea muscipula, es una de las plantas carnívoras más conocidas. Sus hojas forman una trampa que puede abrirse y cerrarse. Si un insecto toca la zona sensible del interior, la planta reacciona y la trampa se cierra en menos de un segundo.
La rapidez de ese gesto ha interesado a la ciencia durante más de un siglo. En 1875, Charles Darwin ya la presentó como una planta extraordinaria. La razón era clara: solemos imaginar las plantas como seres lentos, pero esta especie realiza un movimiento breve, preciso y visible.
Una investigación reciente señala una pieza importante del mecanismo. Las células de la superficie exterior de la trampa se ablandan. Gracias a ese cambio, la hoja se deforma de golpe y pasa de una posición abierta a otra cerrada. No necesita músculos para hacerlo.
La trampa funciona porque su propia forma acumula tensión. Cuando llega la señal adecuada, esa tensión se libera y la hoja cambia de posición. La explicación es física, pero se produce en un tejido vivo. Por eso el caso resulta tan útil para estudiar el movimiento en las plantas.
Visto así, la Venus atrapamoscas no es solo una hoja que se cierra. Es un sistema natural muy ajustado. Un cambio pequeño en unas células puede producir una acción rápida y eficaz, suficiente para capturar una presa.
Basado en: Lauren Wolf, Nature
