El presidente inicia una intensa gira mientras parte de su partido duda de que su presencia ayude a los candidatos republicanos.
Donald Trump ha iniciado una gira electoral de 32 días para apoyar a los republicanos antes de las elecciones legislativas de noviembre. Su partido tiene mayorías muy pequeñas en las dos cámaras del Congreso y corre el riesgo de perderlas. El presidente espera celebrar entre cinco y siete mítines por semana, aunque algunos miembros de su partido dudan de que esta estrategia los ayude.
Los mítines forman parte de la identidad política de Trump desde 2015. Para sus seguidores, son momentos de entusiasmo, unión y contacto directo con el presidente. Además, pueden convencer a los votantes más fieles para que acudan a las urnas. En Oklahoma, Trump pidió al público que llamara a familiares y amigos con el fin de conseguir más votos.
Las encuestas, sin embargo, reflejan un momento difícil. Los votantes están preocupados por el coste de la vida, la economía, la guerra con Irán y las operaciones contra la inmigración. Solo un 17 % aprueba cómo gestiona Trump los gastos diarios. Alrededor de tres de cada diez adultos valoran de forma positiva su trabajo general. Por eso, algunos candidatos republicanos temen que la presencia del presidente pueda perjudicarlos.
La gira también comenzó en estados considerados seguros para los republicanos, entre ellos Texas, Oklahoma y Alabama. Los críticos ven esa ruta como una señal de debilidad. Sus partidarios recuerdan que otras veces muchos dieron a Trump por derrotado y acabó ganando. La gran pregunta es si estos actos aumentarán el voto republicano o animarán a participar a quienes desean votar contra él.
Basado en: David Smith, The Guardian
