La sonda ha seguido hasta el Sol el origen de una gran curva en el campo magnético del viento solar.
La sonda Solar Orbiter ha atravesado una gran inversión temporal, conocida como «switchback», en el campo magnético del viento solar. Es un pliegue con forma de S en las líneas transportadas por la corriente de plasma que fluye sin cesar desde el Sol. Aunque estas estructuras se observan con frecuencia cerca de la estrella, su formación seguía siendo objeto de debate.
A medio camino entre la Tierra y el Sol, uno de los instrumentos de la nave examinó las partículas del pliegue. Halló una mezcla característica de oxígeno y carbono cargados que solo podía proceder de los lazos magnéticos calientes de la superficie solar. Esa firma química permitió relacionar la estructura con su región de origen.
Los datos respaldan la llamada reconexión de intercambio. En las regiones abiertas, las líneas del campo se prolongan hacia el espacio; en las cerradas, regresan al Sol y forman bucles. Cuando ambos tipos entran en contacto, las líneas pueden romperse y reconectarse con una configuración diferente. El plasma que estaba atrapado queda libre, se incorpora al viento solar y genera el pliegue observado.
El equipo también identificó indicios de ondas y turbulencia, elementos centrales de una teoría alternativa. La nueva interpretación reúne las dos propuestas: la reconexión crea el pliegue y, una vez expulsado, las ondas y la turbulencia dirigen su evolución. Así, cada explicación corresponde a una etapa distinta. El hallazgo ayuda a reconstruir la historia del plasma y a conocer mejor las tormentas solares que pueden poner en riesgo satélites e infraestructuras espaciales.
Basado en: Agencia Espacial Europea
