Una nueva generación de sensores podría ayudar a detectar antes algunos daños invisibles en puentes de Estados Unidos.
La parte más delicada de un puente no siempre está a la vista. Bajo una calzada normal puede haber acero corroído, grietas cerca de soldaduras o pérdida de suelo alrededor de los pilares. Cuando el daño aparece en la superficie, la reparación suele ser más cara.
En Estados Unidos hay más de 624.000 puentes de carretera. Unos 220.000 necesitan grandes reparaciones o sustitución, y 41.677 están clasificados en mal estado. Esa etiqueta no equivale a peligro inmediato, pero sí indica deterioro en un elemento clave.
Las inspecciones siguen siendo la base de la seguridad. Muchas estructuras deben revisarse cada 24 meses como máximo. El límite es que cada visita ofrece una imagen puntual: entre dos controles, la sal puede acelerar la corrosión, el tráfico pesado agrandar una grieta y una tormenta alterar los apoyos.
Por eso se combinan varios métodos de medida. Drones, cámaras infrarrojas y LiDAR ayudan a observar zonas difíciles. Ultrasonidos y acelerómetros muestran cómo responde la estructura. Radares y herramientas magnéticas buscan humedad, huecos o acero oculto.
Los sensores cuánticos aún están en desarrollo, pero podrían aportar medidas más sensibles. Usan átomos o espines de electrones para detectar variaciones pequeñas de gravedad, movimiento o campos magnéticos. En puentes, la vía más cercana parece la inspección magnética, útil para localizar corrosión escondida o tensiones anómalas.
El reto es funcionar fuera del laboratorio, con tráfico, viento e interferencias eléctricas. Ningún sensor sustituye el juicio técnico. Si demuestran ventajas frente a herramientas más baratas, podrían convertir algunos cierres inesperados en reparaciones planificadas.
Basado en: Alex Krasnok y The Conversation US, Scientific American
