ViajesOctober 7, 2026

Una Riviera Maya fuera de los circuitos habituales

La Riviera Maya más allá de la ruta turística

Fot. Luis Miguel Bugallo Sánchez, Wikimedia Commons, CC BY-SA 3.0

B2

Una ruta por cenotes, ciudades mayas, mercados y espacios naturales lejos de las zonas más concurridas.

Entre Cancún y Tulum, la Riviera Maya reúne aguas turquesas, yacimientos prehispánicos y cenotes abiertos en la roca caliza. Su popularidad ha transformado el litoral: abundan los complejos turísticos y los autobuses llegan pronto a los lugares más conocidos. Para descubrir una faceta menos saturada, conviene dirigir la mirada hacia el interior.

Los alojamientos pequeños permiten una estancia más personal, tanto junto al mar como en Cobá. Algo parecido ocurre con los cenotes. Dos Ojos y Gran Cenote tienen aguas transparentes, pero las colas pueden restar naturalidad a la visita. Zací y Samulá son alternativas más serenas. En este último, un haz de luz atraviesa la bóveda e ilumina el agua.

La hora también importa en los recintos mayas. Chichén Itzá debe visitarse al abrir, antes de que lleguen los grupos organizados. Cobá conserva calzadas de piedra entre la vegetación, mientras que Ek’ Balam posee relieves y una pirámide con vistas a la selva. Madrugar permite evitar tanto las multitudes como el calor intenso.

Al sur de Tulum, la reserva de Sian Ka’an protege manglares, humedales y arrecifes. Una cooperativa de comunidades mayas guía excursiones por los canales para observar aves, manatíes y cocodrilos. Es una forma de conocer este espacio natural y, al mismo tiempo, favorecer los ingresos locales.

La gastronomía y la artesanía completan el viaje. Los mercados de Cancún y Valladolid sirven cochinita pibil y otros platos regionales, mientras Puerto Morelos conserva sus restaurantes de pescado junto al mar. Las calles coloridas de Valladolid y sus talleres de textiles, hamacas o velas revelan tradiciones menos visibles en el corredor turístico.

Basado en: Michaela Trimble, AFAR