El eurodiputado francés inicia su carrera presidencial con un mensaje ecologista y europeísta.
Raphaël Glucksmann ha escogido una imagen llamativa para abrir su carrera hacia el Elíseo: la subida a un aerogenerador de 80 metros. Con ese gesto, el escritor, activista y eurodiputado francés quiso presentar la transición ecológica como eje de una candidatura que promete, si vence en 2027, una revolución ambiental durante sus primeros 100 días.
El mensaje llega tras un verano duro en Francia, marcado por temperaturas extremas e incendios devastadores. Convertir el clima en motor electoral, sin embargo, no le garantiza una ventaja automática. El debate político francés también está atravesado por la inmigración, la deuda pública, el coste de la vida y el avance de Marine Le Pen.
Glucksmann, de 46 años, fundó Place Publique en 2018 y ganó proyección nacional al encabezar una lista común con los socialistas que terminó tercera en las elecciones europeas. Sus defensores ven en él una voz coherente: crítico temprano con Rusia, atento a Ucrania y Georgia, y activo en la denuncia de la represión contra los uigures en China.
Esa coherencia no elimina sus flancos débiles. Parte de la izquierda lo considera demasiado moderado en economía, demasiado cercano a la energía nuclear o insuficientemente crítico con Israel. Además, su origen intelectual y su notoriedad junto a Léa Salamé alimentan una imagen acomodada que puede pesar en una campaña presidencial.
Las primeras encuestas lo colocan en torno al 11%, por detrás de Le Pen, Jean-Luc Mélenchon y Édouard Philippe, aunque mejora a Mélenchon en una segunda vuelta hipotética contra Le Pen. Su primera prueba será la primaria de octubre. Después deberá demostrar que el centroizquierda aún puede competir.
Basado en: Adrienne Klasa and Sarah White, Financial Times
