Varias comunidades escocesas recuperan antiguas piscinas de mar para nadar y reunirse.
En varios puntos de la costa escocesa, las piscinas de marea están dejando de ser restos de otra forma de veranear para convertirse de nuevo en espacios vivos. Estas estructuras se llenan cuando la pleamar supera sus muros y conservan el agua al bajar la marea, lo que permite bañarse en agua salada con cierta protección frente al mar abierto.
Su origen está ligado a cambios sociales de principios del siglo XX. La reducción de los horarios laborales y la expansión del ferrocarril facilitaron las excursiones de familias trabajadoras a la costa. Con el tiempo, muchas instalaciones quedaron abandonadas, desplazadas por vuelos baratos hacia destinos más cálidos.
La tendencia se ha invertido gracias al auge de la natación al aire libre y al trabajo de asociaciones locales. En la costa este permanecen abiertas alrededor de seis piscinas. Pittenweem, St. Monans y The Trinkie, en Wick, fueron rehabilitadas en 2021, mientras que Saltcoats, en Ayrshire, sigue en obras.
El caso de Cellardyke, en Fife, resume esa recuperación. La piscina reabrió en 2024 tras reparaciones y mejoras de acceso, y ahora tiene una cafetería en un remolque, una caseta de pizzas y una sauna acristalada.
Andy Hancock, secretario de la entidad que la mantiene, destaca que la obra recuperó memorias familiares del pueblo. Su esposa, Angie, subraya otro efecto: el baño frío crea una sociabilidad inmediata. Ella nada a las siete de la mañana con los Nae Richters todo el año, incluso cuando el agua ronda los 7 grados.
Basado en: Karen Gardiner, AFAR
