Un estudio propone señales para localizar posibles enjambres de Dyson en la Vía Láctea.
La detección de tecnología extraterrestre no tiene por qué limitarse a escuchar señales de radio. Un estudio examina cómo aparecería en los catálogos un enjambre de Dyson: no una carcasa rígida, sino una nube de estructuras orbitales que interceptaría energía estelar.
La propuesta se apoya en una consecuencia física sencilla. Si una civilización capturase radiación visible, esa energía no desaparecería; acabaría reemitida como calor infrarrojo. El sistema conservaría una luminosidad comparable, pero parecería mucho más frío.
Ese desplazamiento sería visible en el diagrama de Hertzsprung-Russell, que relaciona temperatura y luminosidad. Una enana roja ronda los 3000 kelvin. Una envoltura eficiente podría hacer que el conjunto pareciera estar a unos 50 kelvin, una región sin estrellas naturales conocidas.
El análisis señala como objetivos prioritarios las enanas rojas y las enanas blancas. Las primeras son pequeñas, abundantes y muy longevas; las segundas son núcleos estelares compactos. Su tamaño reduce la escala de cualquier infraestructura orbital.
La firma infrarroja no bastaría por sí sola. También habría que examinar espectros limpios, sin las emisiones de silicatos propias de discos de polvo, y curvas de luz poco habituales. Un enjambre no ocultaría la estrella de forma uniforme: sus huecos podrían dejar un patrón.
El telescopio James Webb resulta adecuado para rastrear estas señales, y WISE ya ha servido para seleccionar candidatos. En 2024, el proyecto Hephaistos anunció siete objetos asociados a enanas rojas; uno quedó descartado por un agujero negro supermasivo de fondo y cinco siguen pendientes. Ninguno confirma una megaestructura.
Basado en: Andy Tomaswick, ScienceDaily
