Dublín deberá buscar acuerdos europeos sobre sanciones, ampliación, presupuesto y comercio.
Irlanda ha asumido por seis meses la presidencia rotatoria del Consejo de la Unión Europea. Su función será actuar como mediadora entre los 27 Estados miembros, ordenar los debates y redactar compromisos. El momento es exigente, porque varios expedientes políticos y económicos llegan a una fase decisiva.
El asunto más urgente es el nuevo paquete de sanciones contra Rusia. La UE quiere cerrarlo antes del 15 de julio para evitar que se revise automáticamente el límite al precio del petróleo ruso. Una subida de ese techo daría más margen financiero a Moscú. Sin embargo, Bulgaria ha amenazado con bloquear el paquete si se incluyen determinados nombres.
La ampliación será otra prioridad. Dublín quiere abrir nuevos bloques de negociación con Ucrania y Moldavia, aunque Hungría mantiene cautelas y puede frenar el calendario. Montenegro aspira a cerrar sus conversaciones antes de fin de año para empezar a preparar el tratado de adhesión. Ese proceso también puede servir de referencia para futuras incorporaciones.
El presupuesto de siete años será una negociación muy sensible. Irlanda deberá proponer cifras revisadas y equilibrar intereses distintos: mantener fondos para agricultura y cohesión, pero también reforzar defensa, clima, innovación y tecnología. La búsqueda de nuevos ingresos comunes de la UE será una parte clave del debate.
A la vez, la presidencia deberá gestionar posibles aranceles de Estados Unidos y una relación comercial más dura con China. También tendrá que impulsar reformas del mercado único, como el euro digital o nuevas normas industriales. En casa, el Gobierno irlandés investiga los vínculos de una gran refinería de alúmina con la economía rusa.
Basado en: Jorge Liboreiro, Euronews
