El nuevo liderazgo iraní apuesta por la unidad interna, la presión militar y pocas concesiones ante Estados Unidos e Israel.
Tras seis meses de guerra, el liderazgo iraní se ha concentrado en torno a generales y clérigos vinculados desde hace décadas a la teocracia. La nueva cúpula se prepara para una confrontación prolongada con Estados Unidos e Israel y, al mismo tiempo, busca cerrar cualquier espacio a nuevas protestas.
Mojtaba Khamenei, de 56 años, asumió el papel de líder supremo después de que su padre, Ali Khamenei, muriera en la campaña de bombardeos del 28 de febrero. Desde entonces no se le ha visto en público ni en grabaciones. Se cree que pudo resultar herido, aunque su ausencia también puede responder a las fuertes medidas de seguridad que le rodean.
Los nombramientos anunciados el 11 y 12 de agosto muestran una apuesta por aliados personales y figuras duras. Mohsen Rezaei, exjefe de la Guardia Revolucionaria, dirige ahora el Consejo Supremo de Seguridad Nacional. Ahmad Vahidi fue confirmado al frente de la Guardia, y Hossein Taeb, antiguo jefe de inteligencia, asume el mando del Basij.
El Basij mantiene una red nacional de voluntarios en calles, oficinas y centros culturales. Su papel en la represión de protestas pasadas hace que el nombramiento de Taeb sea visto como una advertencia interna. No hay señales claras de nuevas manifestaciones, pero el coste de la vida aumenta y comprar productos básicos resulta más difícil.
La unidad del nuevo bloque no elimina las diferencias. El presidente Masoud Pezeshkian defiende negociar para evitar más daño económico. Los sectores duros desconfían de cualquier acuerdo con Trump y amenazan con responder si continúan el bloqueo y las sanciones. La dirección proyecta firmeza, pero sigue discutiendo hasta dónde debe llegar.
Basado en: Lee Keath and David Rising, Associated Press
