Un nuevo análisis de huesos cambia la idea sobre cómo vivía Homo floresiensis.
Homo floresiensis, el pequeño hominino conocido como hobbit, vivió en la isla indonesia de Flores hasta hace unos 50.000 años. Apenas alcanzaba un metro, pero durante años se pensó que cazaba grandes animales y usaba el fuego.
Esa idea se apoyaba en restos hallados en la cueva de Liang Bua. Allí aparecieron huesos de Stegodon, un pariente reducido de los elefantes, con posibles marcas de corte y señales de quemado. En la misma isla vivían dragones de Komodo de unos tres metros, capaces de dejar huellas muy parecidas.
Un nuevo análisis cuestiona aquella lectura. Los investigadores estudiaron más de 3.000 fragmentos de huesos de Stegodon fechados entre 190.000 y 50.000 años atrás. Para comparar, observaron cómo los dragones de Komodo actuales muerden huesos de cabras y analizaron las huellas en tres dimensiones.
Las marcas de los huesos antiguos encajaban mejor con dientes de dragón de Komodo que con herramientas de piedra. Además, faltaban señales de impacto asociadas a lanzas. La explicación propuesta es que los reptiles despedazaban primero a los Stegodon y que los hobbits aprovechaban después los restos.
Ese detalle cambia el papel de Homo floresiensis. Los dragones de Komodo consumen casi todos los tejidos blandos, así que lo disponible para los homininos pudo ser poco: quizá piel, huesos o algunas partes internas. No sería una caza organizada, sino una forma oportunista de conseguir alimento.
El fuego tampoco queda bien apoyado por las pruebas. El equipo examinó cerca de 7.000 fragmentos de roedores de la cueva, pero no encontró huesos carbonizados. Si esta interpretación es correcta, la vida de los hobbits de Flores fue menos elaborada de lo que se había imaginado.
Basado en: Jake Buehler, Science News
