Varios países africanos viven entre elecciones, juntas militares y una fuerte perdida de confianza pública.
La democracia en África afronta una crisis marcada por golpes militares, desconfianza social y elecciones cuestionadas. En Burkina Faso, Ibrahim Traoré, jefe de la junta que tomó el poder en 2022, pidió en abril olvidar la democracia. Sus palabras indignaron a muchos, aunque también conectaron con ciudadanos que ven la seguridad y la reconstrucción económica como prioridades inmediatas.
La ola militar se ha concentrado en África occidental. Malí, Burkina Faso, Níger y Guinea sufrieron golpes entre 2020 y 2023. Después, Malí, Níger y Burkina Faso salieron de ECOWAS en enero de 2025 y crearon la Alianza de Estados del Sahel. La inestabilidad también alcanzó a Guinea-Bisau, Gabón y Chad, mientras Sudán pasó de una disputa entre grupos armados a una guerra civil abierta.
Detrás del apoyo a algunos gobiernos militares hay frustración con sistemas elegidos que no garantizan seguridad, agua, comida, educación o empleo. El PNUD señala pobreza, desigualdad, manipulación constitucional, baja participación de jóvenes y mujeres, mala gobernanza y más gastó militar. A la vez, se restringen derechos civiles, medios y oposición. El continente no responde a un único modelo: Cabo Verde es estable, Ghana y Senegal resisten, Sudáfrica mantiene instituciones sólidas pese a corrupción y desigualdad, y Nigeria combina conflictos internos con capacidad de adaptación. El reto es convertir la democracia en algo visible en la vida cotidiana.
Basado en: Antonio Cascais, DW
