El Mundial llega a Estados Unidos entre entusiasmo, dudas por los precios y tensiones migratorias.
El Mundial de 2026 se celebrará del 11 de junio al 19 de julio en Estados Unidos, México y Canadá. El torneo atraerá a muchas selecciones y aficionados. Sin embargo, en Estados Unidos ya provoca debates que van más allá del deporte.
La FIFA y su presidente, Gianni Infantino, reciben críticas de políticos de distintos partidos. Infantino ha cuidado su relación con Donald Trump: ha ido varias veces a la Casa Blanca y creó un premio de paz que recibió el presidente. Esa cercanía no ha reducido el malestar político.
El precio de las entradas es una de las quejas principales. Políticos demócratas han pedido explicaciones, y Nueva York y Nueva Jersey investigan la venta. Un alcalde consiguió mil entradas a 50 dólares para vecinos de su ciudad. Trump también criticó la idea de pagar 1.000 dólares para ver a Estados Unidos.
El Mundial llega, además, en un momento tenso por la inmigración. El Gobierno afirma que quiere recibir a los visitantes y mantener el país seguro. Por eso suspendió una norma que podía exigir hasta 15.000 dólares a algunos aficionados con entradas, aunque sigue defendiendo medidas duras.
Las encuestas muestran que el torneo no queda fuera de la división política. Demócratas e independientes parecen más interesados en ver partidos. Muchos republicanos expresan más orgullo por su selección. Aun así, algunos dirigentes ven en el fútbol una oportunidad para compartir una misma conversación.
Basado en: Steven Sloan and Seung Min Kim, AP News
