La música creada con inteligencia artificial crece en las plataformas y el sector busca más transparencia.
La música generada por inteligencia artificial ha abierto un nuevo frente para la industria discográfica: cómo informar al oyente sin diluir el valor de la autoría humana. La propuesta consiste en incorporar etiquetas similares a los avisos sobre contenido explícito para señalar el papel de la IA en cada grabación.
El planteamiento distingue dos grados. La etiqueta “AI”, en mayúsculas, identificaría las canciones en las que la parte esencial de los elementos creativos ha sido generada por IA, incluidas voces o interpretaciones decisivas. La etiqueta “ai”, en minúsculas, se reservaría para obras humanas que usan IA en algunos componentes expresivos.
Detrás de la iniciativa hay una preocupación económica y cultural. Sus defensores sostienen que los aficionados quieren saber si escuchan una interpretación humana, una producción automatizada o una mezcla de ambas. En un mercado lleno de novedades, esa diferencia ayuda a entender una canción.
Las cifras explican la urgencia del debate. En abril, Deezer aseguró que el 44 por ciento de las nuevas subidas a su plataforma correspondía a música generada por IA, unas 75.000 pistas al día. Apple Music estimó que más de un tercio de los nuevos temas también usaba esta tecnología. Aunque representaban menos del 1 por ciento de las escuchas, su volumen ya cambia el entorno de los artistas.
Los casos polémicos han dado concreción a esos temores. Una versión de “Like a Prayer” con millones de reproducciones en Australia suscitó dudas sobre su voz. Otros músicos han denunciado copias modificadas, y también han surgido grupos ficticios con canciones e imágenes generadas por IA. Por ahora, no se sabe si las plataformas adoptarán estas etiquetas.
Basado en: Christian Thorsberg, Smithsonian Magazine
