Extremadura y Castilla y León ofrecen cielos limpios, naturaleza salvaje y una forma tranquila de viajar.
Lejos de las playas llenas y de las luces de Madrid, Extremadura y Castilla y León forman parte de la llamada España vacía. Son regiones extensas, con pocos habitantes y menos viajeros que otros destinos. A cambio, ofrecen precios más bajos, mucho espacio y algunos de los cielos nocturnos más limpios del país.
Una iniciativa de astroturismo propone rutas por lugares aislados como La Siberia y el Corral de los Lobos. En una noche despejada se observan Júpiter, la Vía Láctea e incluso la Estación Espacial Internacional. La falta de contaminación lumínica permite disfrutar de una oscuridad difícil de encontrar en las zonas más pobladas.
También hay noticias esperanzadoras para la fauna. La población de lince ibérico crece en el parque nacional de Monfragüe, el águila imperial española se encuentra en una situación mejor y el lobo ibérico regresa a las montañas de Gredos. En la Garganta de los Infiernos, el río Jerte atraviesa grandes formaciones de granito. Los líquenes de color verde intenso indican que el aire es limpio.
Aun así, el territorio afronta dificultades. Muchos pueblos pierden vecinos y los incendios de 2025 arrasaron casi 20.000 hectáreas del valle del Jerte, conocido por sus cerezos. Un turismo tranquilo puede apoyar a tiendas, bares y alojamientos. El viajero también descubre ciudades históricas y productos locales, desde jamón ibérico hasta setas, castañas, quesos y vinos.
Basado en: Stephen Phelan, The Guardian
