Un nuevo sistema mide nubes de gas volcánico con láseres y drones para mejorar las señales de alerta.
Un equipo de la Universidad Técnica de Múnich ha diseñado un sistema autónomo para medir gases volcánicos con más precisión. La técnica usa un láser en tierra y un dron equipado con un reflector. El rayo atraviesa la nube, rebota en el dron y vuelve al instrumento.
En ese recorrido, el dióxido de carbono absorbe parte de la luz. La pérdida de intensidad permite calcular su concentración. El procedimiento acerca la medición al penacho volcánico sin obligar al equipo a situarse en puntos peligrosos.
El dato resulta útil porque se compara con el dióxido de azufre. La relación entre ambos gases ofrece pistas sobre procesos bajo la superficie. A medida que el magma asciende, cambia la presión y los gases se liberan de otra manera. Antes de una erupción, la composición de las fumarolas puede variar de forma marcada.
Medir desde el suelo tiene una limitación importante: no todo el dióxido de carbono procede del volcán. La vegetación y el terreno también emiten este gas, de modo que pueden deformar la señal volcánica. Al situar el reflector en un dron y medir a través de la nube, el sistema reduce esas interferencias.
La primera demostración autónoma se llevó a cabo en la isla de Vulcano, al norte de Sicilia. Durante vuelos de 10 a 15 minutos, el dron siguió una ruta definida y se alejó hasta 60 metros del láser. El sistema registró hasta 3.000 mediciones por vuelo.
Después, un algoritmo generó un mapa del gas a una altura concreta. Para interpretarlo, los investigadores incorporan el viento, ya que la nube cambia de forma. Ensayos previos en túnel de viento indicaron un error cercano al 5 %. El siguiente paso es automatizar los datos y aplicar inteligencia artificial.
Basado en: Technical University Munich, Phys.org
