Nuevos fósiles muestran que grandes parientes de los caimanes fueron depredadores clave en el Mioceno.
Durante el Mioceno, hace más de 10 millones de años, una parte de Sudamérica estaba ocupada por un lago inmenso. En sus orillas vivían tortugas gigantes, anacondas, aves depredadoras que no podían volar y varios mamíferos cazadores. También había herbívoros de gran tamaño, como perezosos terrestres y parientes de los armadillos.
Una investigación reciente ha revisado fósiles guardados en museos. Los científicos observaron huesos de herbívoros y buscaron marcas de mordeduras y de dientes. Estas huellas son valiosas porque muestran un contacto directo entre un depredador y su presa.
Los fósiles analizados tienen entre 10,5 y 16 millones de años. En ellos, muchas señales apuntan a los cocodrilianos. Esto indica que estos reptiles no estaban en un segundo plano: formaban parte importante de la vida alrededor del lago.
El ejemplo más llamativo es Purussaurus neivensis, un pariente de los caimanes modernos. Podía alcanzar unos 7 metros de longitud y pesar alrededor de 1.800 kilos. Con un cuerpo así, era capaz de atacar animales muy grandes.
Las presas de aquella zona no siempre eran pequeñas. Algunos herbívoros superaban una tonelada de peso. La cantidad de marcas atribuidas a Purussaurus sugiere que este animal era una presencia habitual en la parte alta de la cadena alimentaria.
El hallazgo cambia la imagen de aquel paisaje. Los grandes mamíferos no eran los únicos depredadores importantes. En las orillas del lago, los cocodrilianos gigantes también ocupaban un lugar dominante.
Basado en: University of Helsinki, Phys.org
