El hallazgo en Casas del Turuñuelo muestra contactos antiguos entre la península ibérica y el Mediterráneo.
El hallazgo de un carro de bronce en Casas del Turuñuelo, en Badajoz, aporta una nueva pista sobre una comunidad antigua del suroeste peninsular. La pieza, de unos 2.400 años, no habría servido para desplazarse. Por sus 60 centímetros aproximados y su parte superior plana, pudo funcionar como soporte para quemar incienso en ofrendas.
La decoración refuerza esa lectura ceremonial. El carro incluye dos ruedas y dos soportes con forma humana. En un lateral aparece un rostro con la lengua fuera que los especialistas relacionan con una combinación excepcional: una gorgona, símbolo protector asociado a Medusa, y Aqueloo, dios río de la tradición griega. En los lados cortos se ven grifos, seres míticos también vinculados a la protección.
El origen de la pieza apunta al mundo etrusco, una civilización prerromana de la actual Italia. La hipótesis es que el objeto llegó a Iberia por redes comerciales mediterráneas. Aunque las figuras vestidas resultan poco habituales en los bronces etruscos, el contexto encaja con otros indicios de intercambio. No parece una comunidad aislada.
El yacimiento pertenece al valle medio del Guadiana, donde se conocen varios centros vinculados a poblaciones locales influidas por los tartesios. En todos aparecen edificios quemados y, después, rellenados con tierra y fragmentos. El carro estaba partido por la mitad, sin otros daños visibles, lo que sugiere una rotura deliberada.
Ese patrón es importante para interpretar el lugar. Los incendios, los rellenos y los objetos rotos parecen más propios de un cierre ritual que de un ataque. Tras ese proceso, hacia el 400 a. C., la cultura desapareció del registro arqueológico.
Basado en: Margherita Bassi, Live Science
