Ucrania elevó el tono contra Moscú mientras la OTAN y la UE debatían su apoyo a Kiev.
Ucrania lanzó durante la noche una nueva oleada de drones contra Moscú. El ataque alcanzó una refinería de petróleo de la capital rusa por segunda vez en la misma semana y causó problemas en el tráfico aéreo.
Para Kiev, estas operaciones tienen un valor que va más allá del daño material. Recuerdan que la guerra no solo se decide en el frente ucraniano. También muestran a la sociedad rusa que el conflicto puede tener consecuencias dentro de Rusia.
Volodímir Zelenski defendió un mensaje más firme tras los ataques. El presidente ucraniano dijo que su país nunca quiso la guerra, pero advirtió de que Moscú no puede quedar al margen mientras Ucrania sufre bombardeos. Su idea principal fue clara: Rusia debe sentir más presión si mantiene la invasión.
Zelenski pidió a Europa y a Estados Unidos nuevas sanciones contra sectores clave de Rusia. Nombró la defensa, la energía y la economía en general. Estas medidas pueden limitar ingresos, compras y financiación. No terminan una guerra por sí solas, pero aumentan el coste para el Kremlin.
Kiev espera que esa presión acerque a Vladímir Putin a una negociación seria. Es una forma de combinar la respuesta militar con el apoyo político y económico de sus aliados.
Mientras tanto, Bruselas concentró varias reuniones importantes. En la OTAN, Estados Unidos pidió a los aliados europeos más gasto militar y anunció una revisión de su presencia en Europa. En la Unión Europea, Zelenski participó en una cumbre sobre apoyo a Ucrania y sobre su camino hacia la adhesión. Los líderes europeos hablaron de un nuevo impulso, aunque las decisiones concretas siguen siendo necesarias.
Basado en: Jakub Krupa, The Guardian
