El club inglés pasó de la segunda división a ganar la Super League gracias a la continuidad, los fichajes inteligentes y una inversión bien dirigida.
Wakefield Trinity ha completado una transformación extraordinaria. Tras vencer 23-10 a Warrington en Old Trafford, el equipo conquistó la Super League inglesa de rugby league. Dos años antes aún competía en segunda división y trataba de regresar a la élite. El club, además, llevaba desde 1968 sin ganar el campeonato.
La celebración mostró cuánto significaba el triunfo para la ciudad. Decenas de miles de aficionados recibieron a los jugadores y vieron pasar la copa por las calles de Wakefield. La escena contrastaba con la de 2023, cuando el equipo descendió ante unos pocos cientos de seguidores. En aquella época, sus instalaciones eran casi de nivel aficionado y el estadio estaba muy deteriorado.
Una de las claves de la recuperación fue mantener la confianza en el grupo. Siete de los 17 jugadores de la final ya formaban parte del equipo en segunda división. Max Jowitt, que siempre ha jugado en Wakefield, conoció los años más difíciles antes de levantar el título. Su historia refleja el valor de la continuidad.
El club también fichó con cuidado. En vez de gastar mucho en grandes nombres, buscó talento en categorías inferiores de Australia. Algunos jugadores llegaron con salarios modestos, aprovecharon su oportunidad y acabaron siendo importantes.
El propietario Matt Ellis invirtió cerca de diez millones de libras en renovar el estadio y formar una plantilla competitiva. En 2023 prometió ganar un trofeo en cinco años, pero lo logró en tres. La inversión dio resultado porque estuvo acompañada de paciencia, lealtad y decisiones bien pensadas.
Basado en: Aaron Bower, The Guardian
