Una guía clara para elegir destinos con menos gente y mejores precios durante todo el año.
La temporada alta no siempre es el mejor momento para viajar. A menudo solo señala cuándo un destino está más lleno, con precios altos y reservas difíciles. Por eso, salir fuera de temporada puede hacer que el dinero rinda más y que el viaje se parezca un poco más a la vida local.
El año empieza bien en ciudades que funcionan incluso con frío. En enero, Tirana invita a pasear por el centro, entrar en antiguos búnkeres convertidos en espacios culturales y subir al monte Dajti para ver nieve. En febrero, La Valeta reúne sol, patrimonio y terrazas, aunque el mar todavía no sea el plan principal.
La primavera cambia el tono. En marzo, Chicago mantiene temperaturas bajas, pero San Patricio llena la ciudad de ambiente y deja la imagen del río teñido de verde. En abril, Glasgow compensa la lluvia con catedral, museos y música en directo. En mayo, las Islas Caimán reciben menos cruceros y conservan aguas cálidas, aunque conviene contar con posibles tormentas.
Entre junio y agosto, algunos destinos ofrecen ventajas menos evidentes. La costa pacífica de Costa Rica vive la estación verde: llueve bastante, pero muchas veces por la tarde, y la selva aparece intensa. En julio, Ciudad del Cabo combina bodegas, safaris cercanos y ballenas. En agosto, Emilia-Romaña queda más libre que las playas italianas y une cocina local con museos de coches deportivos.
De septiembre a diciembre, cada viaje tiene otro ritmo. Islandia recibe menos turistas y permite buscar auroras. Lucerna ofrece una pausa entre el verano y la temporada de esquí. Buenos Aires disfruta de primavera, tango y jacarandas. Marrakech resulta más agradable al principio de diciembre, antes de la semana de Navidad.
Basado en: James Wong, Lonely Planet Editors, Lonely Planet
