La llegada de Péter Magyar abre una posible nueva etapa para la cooperación centroeuropea.
El cambio político en Hungría ha reabierto el debate sobre el futuro del Grupo de Visegrado. Péter Magyar, que puso fin a 16 años de dominio de Viktor Orbán, eligió Varsovia para su primer viaje oficial y ha presentado el encuentro con Donald Tusk como un reinicio regional.
El V4, integrado por Polonia, Eslovaquia, Chequia y Hungría, nació tras el final del comunismo y ganó peso en la Unión Europea tras la ampliación de 2004. Durante la crisis migratoria de 2015 actuó como bloque reconocible, pero la invasión rusa de Ucrania en 2022 rompió buena parte de esa coordinación.
La cercanía de Orbán a Moscú deterioró especialmente la relación entre Budapest y Varsovia. Magyar intenta corregir esa percepción y propone organizar una cumbre del V4 en Budapest a finales de junio. Eslovaquia, que tomará la presidencia del grupo en julio, también ve margen para reactivar el formato.
La recuperación dependerá de una agenda concreta. Euronews señala intereses compartidos en infraestructuras, conexiones ferroviarias y eléctricas, energía nuclear, ajustes de la agenda verde y negociación del próximo presupuesto europeo, incluidos los fondos de cohesión.
El grupo podría funcionar de forma flexible, sumando a Austria, países nórdicos, Balcanes occidentales u otros socios según el expediente. Persisten obstáculos claros: Ucrania, Rusia, el gas ruso, tensiones históricas entre Hungría y Eslovaquia y la relación previa de Andrej Babis con Orbán. Por eso, el nuevo V4 avanzará solo donde haya consenso.
Basado en: Luca Bertuzzi & Sandor Zsiros, Euronews
