La guerra con Irán y las tensiones comerciales limitan la influencia internacional de Donald Trump.
Donald Trump empezó 2026 en una posición fuerte. En su segundo mandato había reunido un gabinete fiel, había usado muchas órdenes ejecutivas y mostraba una política exterior agresiva. En enero, el ejército estadounidense entró en Caracas y capturó a Nicolás Maduro. La operación llamó mucho la atención, aunque fue criticada por sus dudas legales y por la falta de un plan claro para después.
Aquel momento dio a Trump la imagen de un presidente capaz de imponer decisiones. Incluso propuso tomar Groenlandia, territorio de Dinamarca, una idea que inquietó a varios aliados de la OTAN. Muchos gobiernos y empresas intentaban entender cómo tratar con una Casa Blanca muy centrada en una sola persona.
La guerra contra Irán, iniciada en febrero, cambió el escenario. Tras más de seis meses, el conflicto ha gastado recursos militares, ha encarecido la energía y ha reducido la popularidad de Trump. También han aparecido críticas internas: antiguos aliados dicen que se ignoraron advertencias sobre el riesgo de buscar un cambio de régimen en Teherán.
Las consecuencias no se quedan en Irán. Estados Unidos tiene menos misiles ofensivos y defensivos, y eso limita su margen en Ucrania y en Taiwán. La industria militar no puede reponer todo con rapidez. Al mismo tiempo, los aranceles y la gasolina cara alimentan la inflación. Estos límites dificultan sostener una presión constante fuera del país.
Otros gobiernos se adaptan a este cambio. En agosto, Pakistán, Arabia Saudí y Turquía firmaron un pacto de defensa. China respondió a los aranceles con restricciones sobre minerales clave. Trump sigue siendo una figura importante, pero su capacidad para obligar a otros a obedecer ya no parece la misma.
Basado en: Ravi Agrawal, Foreign Policy
