Estados Unidos endurece su postura ante Cuba mientras crece la tensión diplomática.
La tensión entre Washington y La Habana se ha agravado con nuevas señales de presión. Donald Trump sugirió que podría ser el presidente que tome medidas contra Cuba, después de décadas en las que otros mandatarios estadounidenses valoraron intervenir. Pese al despliegue del USS Nimitz y de buques de escolta en el Caribe, la Casa Blanca niega que esas maniobras busquen intimidar al Gobierno cubano.
Marco Rubio reforzó el mensaje con un tono poco optimista sobre la vía diplomática. El secretario de Estado afirmó que Estados Unidos prefiere una solución negociada, pero añadió que las probabilidades son reducidas. A su juicio, los vínculos de seguridad e inteligencia de Cuba con Rusia y China convierten a la isla en un problema de seguridad nacional.
El componente judicial ha aumentado aún más la fricción. El Departamento de Justicia acusó a Raúl Castro, de 94 años, por su presunto papel en el derribo de dos aviones civiles estadounidenses en 1996, cuando ejercía como ministro de Defensa. Miguel Díaz-Canel rechazó la acusación y la calificó como una operación política destinada a justificar una agresión contra Cuba.
Washington también revocó la residencia y detuvo en Florida a Adys Lastres Morera, hermana de un alto ejecutivo de GAESA, el conglomerado militar señalado por Rubio como una estructura que favorece a las élites. Mientras tanto, la sociedad cubana soporta apagones, escasez de agua, inflación y falta de productos básicos, en un contexto criticado por Rusia y China.
Basado en: Shakeel Sobhan, AFP, AP, Reuters, Deutsche Welle
