Los huracanes Polo y Nolo causaron lluvias, inundaciones y otros daños durante una temporada excepcionalmente activa.
La temporada de ciclones tropicales de 2026 destaca por su actividad en el nordeste y el centro del Pacífico. Hasta el 28 de septiembre se habían registrado 20 tormentas con nombre, nueve de ellas huracanes. Como referencia, el promedio entre 1991 y 2020 para esa fecha era de 13,5 tormentas y 7,4 huracanes.
Una imagen de satélite del 27 de septiembre captó varios sistemas potentes a la vez. Polo afectaba al entorno de la península de Baja California, mientras Nolo descargaba fuertes lluvias cerca de Hawái. En ambos casos, el viento, el oleaje y las precipitaciones crearon condiciones peligrosas.
Polo experimentó una intensificación extremadamente rápida sobre una superficie marina más cálida de lo habitual. El 22 de septiembre alcanzó la categoría 5, pero se debilitó antes de tocar tierra en Baja California Sur la noche del día 28, probablemente como categoría 2. Después atravesó la península y el golfo de California y volvió a entrar en tierra cerca de Guaymas.
Las previsiones advertían de posibles inundaciones y corrimientos de tierra en Baja California Sur y Sonora. La humedad de los restos de Polo y de otro ciclón podía extender las lluvias hacia el suroeste de Estados Unidos. A su vez, la tormenta Rachel provocó un fuerte oleaje junto a la costa mexicana.
Aunque Nolo no tocó tierra, dejó más de 30 centímetros de lluvia en áreas de Maui y de la isla de Hawái. Hubo carreteras anegadas, árboles derribados y deslizamientos. La energía ciclónica acumulada en el nordeste del Pacífico superaba el doble de lo normal. El Niño favorece estos sistemas mediante aguas cálidas y poca cizalladura, es decir, pocos cambios del viento entre distintas alturas.
Basado en: Lindsey Doermann, NASA Earth Observatory
