La artista presenta un disco marcado por la maternidad, la memoria y nuevas colaboraciones.
"Loveland", el tercer álbum de Suki Waterhouse, surge como respuesta artística a un periodo de transición. La cantante comenzó a trabajarlo tras terminar "Memoir of a Sparklemuffin", de 2024, y lo planteó como una búsqueda de renovación personal. La composición del tema "Loveland" le permitió dar forma a una intuición: a veces una artista escribe un álbum y, al hacerlo, se acerca a la persona que intentaba imaginar.
La maternidad no funciona aquí como etiqueta única, pero sí como fuerza de fondo. Desde el nacimiento de su hija con Robert Pattinson, Waterhouse percibe con más claridad la fricción entre una vida creativa absorbente y el deseo de estar presente en la infancia de la niña. Ese equilibrio, lleno de dudas, aparece integrado en las canciones sin convertir el proyecto en una narración lineal sobre ser madre.
El disco utiliza la memoria personal como material creativo. "Weirdo" aborda emociones especialmente crudas, mientras que "Notting Hill" convierte un antiguo piso en símbolo de una etapa cerrada. Waterhouse vendió aquella vivienda sin despedirse del todo: allí se enamoró, vivió noches duras y acumuló parte de sus veinte años. Después, el nacimiento de su hija en Estados Unidos hizo evidente que ese lugar ya pertenecía al pasado.
La renovación también se percibe en las colaboraciones. Amy Allen y Aaron Dessner participaron en el proyecto, y Mick Fleetwood grabó la batería de "Morals" desde un estudio en Hawái. Su presencia resuena porque Waterhouse actuó en "Daisy Jones & the Six", una ficción asociada al imaginario de las grandes bandas de rock. Mientras tanto, su hija empieza a entender su oficio y reconoce a su madre en una mujer con guitarra.
Basado en: Elise Ryan, Associated Press
