Las empresas tecnológicas de Estados Unidos discrepan sobre si limitar los modelos chinos de IA abiertos.
La rápida difusión de modelos chinos de inteligencia artificial ha dividido a Silicon Valley en dos campos con intereses muy distintos. En el centro están los modelos de pesos abiertos, cuyos componentes principales se publican para que desarrolladores, investigadores y empresas los ajusten a sus necesidades. Su capacidad ya rivaliza, en algunas pruebas, con sistemas estadounidenses de primera línea.
Los laboratorios dominantes presentan el problema como una amenaza de seguridad y propiedad intelectual. Anthropic acusó a Alibaba de recurrir a la destilación, es decir, entrenar un sistema con las respuestas de otro más potente. La Casa Blanca añadió que Moonshot AI pudo crear Kimi K3 aprovechando salidas de Fable 5. Para quienes venden modelos propietarios, la velocidad de difusión resulta inquietante.
Las startups más pequeñas temen otra consecuencia: que la regulación termine blindando a los gigantes. La Little Tech Association, que reúne a más de 200 empresas y cuenta con Y Combinator, pidió al Gobierno de Donald Trump que evite una prohibición amplia. Defiende ciertas cautelas, pero sostiene que negar el acceso a modelos abiertos extranjeros encarecería la innovación y concentraría el mercado en pocos proveedores.
El dilema no admite una respuesta limpia. Un modelo descargable puede ser adaptado para usos maliciosos, como advierte Anthropic, pero también puede servir para investigar, reducir costes y responder a emergencias técnicas. Hugging Face llegó a usar un modelo chino abierto para afrontar un ataque cuando otros sistemas limitaron su análisis. Estados Unidos debe decidir si regula para contener riesgos reales o si refuerza el poder de sus propias plataformas.
Basado en: Lauren Goode, WIRED