El avance de Ucrania hacia la UE se cruza con el debate sobre Serbia y los Balcanes Occidentales.
El avance de Ucrania hacia la Unión Europea, limitado pero significativo, puede quedar ligado a otro expediente: la candidatura de Serbia. Kyiv y Moldavia han abierto dos de los seis clústeres de negociación después de que la derrota electoral de Viktor Orbán en abril rebajara el veto húngaro.
El nuevo primer ministro húngaro, Péter Magyar, busca resolver las tensiones con Kyiv por la minoría húngara de Transcarpatia. También acepta abrir capítulos sobre Estado de derecho y política exterior. Aun así, Budapest insiste en avanzar poco a poco.
La prudencia húngara responde a un contexto interno difícil. Tras años de mensajes contrarios a Ucrania, un giro rápido tendría costes políticos. El desbloqueo parcial no elimina todas las reservas.
En paralelo, varios Estados miembros reclaman avances para Serbia y los Balcanes Occidentales. El proceso serbio está congelado desde diciembre de 2021. La Comisión Europea ha vuelto a proponer la apertura del clúster 3 con Belgrado, pero ocho países se resisten.
Quienes rechazan ese paso alegan déficits en Estado de derecho, una relación ambigua con Moscú y falta de alineamiento con las sanciones europeas contra Rusia.
Francia, España y varios gobiernos próximos a los Balcanes defienden otra lectura. Sostienen que Serbia ha hecho reformas suficientes y no debería verse penalizada frente a Ucrania por una interpretación geopolítica.
El riesgo para la UE es que el trato igualitario se convierta en una negociación cruzada. Si Ucrania y Moldavia abren más clústeres este año, las voces que piden equilibrio geográfico ganarán fuerza.
Basado en: Luca Bertuzzi, Euronews
