ViajesJuly 25, 2026

Andros desde una casa abierta al Egeo

Un refugio en una colina de Andros

Fot. Ioannis Fakis, Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0

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Una casa tranquila en Andros muestra otra forma de vivir las islas griegas.

Andros, a una hora en ferry de Atenas, permite imaginar una Grecia insular menos dominada por los circuitos internacionales. Frente al brillo de Mykonos o Milos, la isla propone otra escala: montañas, vegetación, pueblos tranquilos y un ambiente más local. En una colina de Kalamaki, una casa de alquiler funcionó como refugio para dos amigas.

La vivienda no buscaba impresionar por exceso decorativo, sino por orientación y silencio. Sus dos dormitorios encalados, cada uno con baño propio, abrían la vista al mar y apenas necesitaban más que algunos objetos antiguos. La rutina se desplazaba hacia el exterior, entre patios, zonas de descanso y una cocina al aire libre.

También había una relación sencilla con lo cercano. El anfitrión permitió recoger productos del jardín, y los desayunos reunían tomates frescos, pan con sésamo, yogur griego y albaricoques comprados en Gavrio. La escena resumía el atractivo de la estancia: pocos elementos, mucho paisaje.

Ese placer tenía una condición práctica: Andros exige conducción atenta. Para alcanzar playas apartadas o volver a la casa, el coche atraviesa carreteras con curvas, piedras y tramos al borde de la costa. La llegada a Kalamaki condensaba esa tensión entre incomodidad y belleza.

El mayor privilegio era una cala semiprivada, compartida con otra propiedad vecina del mismo anfitrión y unida a la casa por un sendero corto marcado con rocas. Allí, el agua se mantenía serena pese al viento frecuente. El viaje también incluyó Achla, souvlaki con vistas a la costa occidental y noches en Chora, desde donde se distingue el faro de Tourlitis.

Basado en: Jessica Sulima, Condé Nast Traveler