Varias ciudades europeas ofrecen cultura, comida y calma lejos de los destinos más llenos.
En Europa hay ciudades pequeñas que sirven muy bien para una escapada. No son tan famosas como París, Roma o Berlín, pero tienen museos, comida local, playas, canales y barrios bonitos. Muchas se pueden ver con calma, sin pasar todo el día haciendo colas.
En Italia, Ferrara tiene calles tranquilas, arte del Renacimiento y restaurantes sencillos donde se come pasta de calabaza. En Alemania, Hannover ofrece museos, jardines barrocos, un gran bosque urbano y muchos caminos para ir en bicicleta. Son ciudades cómodas para pasear y parar cuando apetece.
En Portugal, Loulé está cerca de Faro y conserva talleres de artesanía tradicional. Allí se pueden ver oficios antiguos y conocer mejor la identidad del Algarve. Arras, en el norte de Francia, mezcla túneles históricos, plazas con cafés y dos lugares reconocidos por la Unesco.
También hay destinos con mar o con agua cerca. Malmö, en Suecia, está unida a Copenhague por un puente y es fácil de recorrer a pie. Cagliari, en Cerdeña, combina la playa de Poetto con un mercado de pescado, queso local y dulces. Saint-Malo, en Francia, tiene murallas, playas y una piscina de marea.
León destaca por las vidrieras de su catedral y por la iglesia de San Isidoro. Ålesund, en Noruega, fue reconstruida después de un incendio en 1904 y hoy muestra edificios art nouveau junto al agua. Leiden, en Países Bajos, sorprende con canales, patios sin tráfico y recuerdos de Rembrandt. Estos lugares muestran que un viaje corto no necesita grandes multitudes para ser interesante.
Basado en: Guardian readers, The Guardian
